
Auspicia la remera que habla.
Dialogo de Dios con el hombre de alpargatas.
Después de ser echado de Freud por el Pillín, Dios parte cabizbajo y rascándose el culo, rumbo a la peatonal, donde tropieza con el hombre de alpargatas, quien lo interpela con absoluto desparpajo.
-Yo soy el hombre de alpargatas que camina por la peatonal ¿Quien sos vos?
-Yo soy Dios, que ando de visita por la tierra y me acaban de sacar cagando del café de la esquina.
-¡Ah, mirá que bien! Ese es mi socio, seguro que te vio cara de yarco, un aire al mago Carbajal, tenes.
– ¡No puede ser!, no me pueden tratar de esa manera, ese bar fue creado por el diablo, seguro que ahí se juntan Hitler, Videla, Nerón, Lopecito, Sadan y el negro Gil Carrera.
El diablo que estaba sentado en Clapton con el gordo Russo y Anyelito, comiendo pizza, a los gritos le contestó, -yo no tengo nada que ver, hacer semejante café, no se me ocurriría ni en 3 eternidades, mejor investigá por el lado del hombre del frasquito.
Dios apesadumbrado como nunca, en 16.000 millones de años, pensó.
Seguro, que este café, es un castigo del Dios de Dioses. Siempre encontré justificativo para guerras, catástrofes, asesinatos, plagas, sequias y toda clase de miserias, pero nunca le pude encontrar explicación convincente, a la creación de Jáchal y los jachalleros.
Sentándose en el cordón de la vereda, se puso el auricular de su MP3, sintonizó a Adelmo y sus iracundos por siempre, para olvidar por un tiempo el café Freud, sus dueños y sus comensales.
El hombre de alpargatas, permanecía impertérrito, a su lado.